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Este es MI rincón. Ha sido también desahogo y terapia. Un sustituto de aquel cuaderno que sirvió de diario y del que ahora me aleja la falta de costumbre y el tiempo que paso frente a la compu. Es una ventanita a mi vida, para quien guste asomarse...at your own risk.
Bienvenid@s

Perfect storm to start 2020


Pues acabo de ver que no tengo una sola entrada en el 2020.

Jueputa… ¿por dónde empezar?

El duelo por la pérdida de mami, cruelmente irónico cuando celebrábamos el Día de Acción de Gracias, no se ha ido. No creo que lo haga. A veces en las tardes cuando estoy trabajando o solo viviendo normalmente, algún olorcillo traído por la brisa, se brinca la ventana y me la recuerda. Y me vibra el cuerpo por reconocer su olor, pero inmediatamente vienen las lágrimas al recordar que ya no está y justo después viene el miedo… de dejar de recordar en algún momento su olor, o su tono de voz, o su cara.   Ese es un miedo terrible, y trato de combatirlo nombrándola, a veces como si aún estuviera con nosotros.

Aún con el dolor fresquísimo de mami, vino otro golpe durísimo. Los dolores no son comparables, pero no por eso menos intensos. Justo el día después que enterramos a mami, nos dimos cuenta que estábamos embarazados.  Nuestras personalidades, por dicha, muy pegadas al piso, nos hicieron amortiguar la inmensa felicidad y contener esa emoción en nuestra intimidad. Decidimos no decirle a nadie, y el tiempo probaría que fue la mejor decisión. El oír el corazón de tu embrión, es probablemente de las cosas más emocionalmente intensas que cualquier ser humano puede experimentar. Y el dejar de oírlo, una de las más dolorosas. Tuvimos lo que en términos médicos se llama un aborto retenido. El embrión ya no tenía vida, pero mi útero se aferraba a cuidarlo y retenerlo. Mi útero nunca se rindió, y eso, desafortunadamente para mí, significó obligarlo a dejarlo ir. Después de que ni mi cuerpo, ni 2 dosis de misoprostol conseguido en el mercado negro (esa es historia de otra entrada) funcionaran, no nos quedó otra opción que la quirúrgica. Fue la primera vez en mi vida que me anestesiaban. Anestesia…un verdadero lujo para quienes podemos pagar medicina privada.

Tener una perdida es común para el 40% de quienes se embarazan. En realidad somos una especie poco eficiente para reproducirnos. Es de esos duelos raros, porque nunca hubo nada que despedir; pero queda una tristeza profunda de una ilusión hermosa que nunca llego a ser. A mí me revolvió la vida completamente. Ese Doble Jeaopardy de duelos no hubiesen sido superable sin Marcos, quien sin duda también tiene su propia historia que contar. Se vive todos los días en la delgada línea de la cordura y la locura y no pocas veces se ve esa insanidad mental como un descanso a tanto dolor y tanta mierda. Solo nos queda light a candle, como diría TomKoracick.

Toda esta tragedia personal e íntima se transformó en cuestión de días en esta nueva realidad distópica y pandémica del Covid-19. Nunca en mis 39 años habíamos tenido que meter el freno de emergencia a un estilo de vida que pensábamos imperturbable. La naturaleza mundial de la pandemia, nos cacheteó con la vulnerabilidad de nuestra existencia como especie, después de siglos de pensarnos la última coca del desierto en este planeta azul.  Cambió el trabajo, cambió nuestra rutina, cambió nuestros hobbies, nuestras relaciones, nuestras compras. Desde este pedacito de tierra que ha logrado tener la menor tasa de mortalidad de Latinoamérica, ha sido realmente retador adaptarse. No me lo imagino en otras latitudes.

Y ayer en la mañana, ajenas a todo el despiche que hay afuera, las orquídeas que Andre y Yaha nos regalaron, florearon por completo. Florearon. Y pues…esas son las cosas que me hacen escribir.




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