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Este es MI rincón. Ha sido también desahogo y terapia. Un sustituto de aquel cuaderno que sirvió de diario y del que ahora me aleja la falta de costumbre y el tiempo que paso frente a la compu. Es una ventanita a mi vida, para quien guste asomarse...at your own risk.
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When the body just fades out


La noticia de la muerte de alguien conocido nunca es fácil. Si hay cariño hay dolor involucrado y si no, es al menos un recordatorio de que el ciclo de la vida no se detiene y que nosotros o alguno de nuestros seres amados podría ser el próximo que acompañe a La Catrina.

Las muertes repentinas, como la de padrino son bondadosas para quien las sufre, pero terribles para quienes quedamos con un ¿por qué ahora? en la boca. Las otras muertes, las esperadas y no en pocas ocasiones deseadas, son dolorosas y desgastantes para todos.

Los últimos días de papi están un poco borrosos en mi mente pero si recuerdo bien que sus últimas dos semanas fueron un aviso claro de que él (o dios?) ya no quería estar ahí. La cuenta regresiva había iniciado y ya no había forma de pararla. Para quienes acompañamos, la paciencia es la única respuesta porque nunca se sabe cuánto ese proceso de apagado va a durar.  Hay muchos mitos alrededor de esos últimos días. Que si tienen algo pendiente, que si necesitan ver a alguien antes de irse, que si necesitan estar solos, en fin; buscamos respuestas para las mil preguntas que emergen en esos últimos momentos de la vida de alguien. Ahí, cuando casi podemos sentir a la muerte sentada en la cabecera de la cama y nadie, probablemente incluso ella, puede entender ¿por qué el tiempo nunca es perfecto? Y nunca es perfecto porque para algunos es insoportablemente largo y para otros siempre será despiadadamente poco.

La sensación de ver el cuerpo inerte de la persona que tanto amaste es probablemente el vacío más profundo que uno pueda sentir. La certeza de que esa persona ya no va a despertar más es desoladora. Tanto que no se dijo, tanto que se dijo de más. Nunca es perfecto. Y en esos momentos de dolor, la belleza de la imperfección humana es solo un discurso lejano y cliché.

La muerte del otro nos confronta con la propia. ¿Quién estará alrededor de mi cama? ¿Sera en una cama de hospital, llena de vías? ¿Sera en mi casa con olor a conocido? ¿Sera en un lugar extraño?

Buen viaje Tía Trina, saludos a papi y a padrino.

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