Welcome

Este es MI rincón. Ha sido también desahogo y terapia. Un sustituto de aquel cuaderno que sirvió de diario y del que ahora me aleja la falta de costumbre y el tiempo que paso frente a la compu. Es una ventanita a mi vida, para quien guste asomarse...at your own risk.
Bienvenid@s

My death



No hay otro eufemismo que funcione y,  les pido detenerse especialmente en el adjetivo posesivo.

Esta es una de esas entradas que ha habitado mi cabeza por mucho rato, pero que hasta hoy no se había materializado.  En parte porque no es algo de lo que se escriba impulsivamente, con ira y menos cuando se está considerando como una posibilidad a corto plazo.  No. Uno habla de esto un domingo en la mañana, cuando se ha dormido bien y el sol apenas comienza a calentar. Sería muy descortés no dar las gracias a Tinta Fresca por el último empujón.

A pesar de lo que enseña la doctrina cristiana, nunca me he sentido cómoda con la idea de que alguien más decida por mí, incluyendo a Dios. A pesar de que todos estamos acá como consecuencia de la decisión de nuestros progenitores; me parece Salomónicamente justo que si no tenemos injerencia en el génesis, al menos lo tengamos en el final de nuestras vidas. Sí, creo firmemente que todos deberíamos tener el derecho sagrado a terminar con nuestra vida en el momento en que así nos parezca; así madre natura, madre iglesia o papá estado no consientan.

Los psicólogos probablemente tendrían muchos argumentos para desacreditarme, pero cuando la vida pierde combustible y sentido de funcionamiento; cuando es una decisión concienzudamente analizada y, cuando se puede afirmar que es la real voluntad ¿por qué tratar de impedir por todos los medios que la persona se suicide? ¿No es acaso mucho más cruel vivir una existencia vacía, sin sentido y sin gusto? ¿Por qué la soberbia insistencia de dictar cátedra en la vida de los demás?  La muerte, bien la define Cambronero en la columna: “El tema que nunca es tema. Blindamos el derecho a la vida como bien jurídico, pero nadie habla del derecho a ponerle fin a la propia.

Si algún día decido irme, no me voy a ir a hurtadillas. Sería ingrato no decir adiós y agradecer a, las no muchas, pero suficientes personas que me han ayudado a construir y caminar en estos 32 años. No pretendo fiestas de despedida, sé bien lo duro que es dejar ir.  Pero pediría humildemente respeto y un último abrazo.  Supongo que las cuestiones legales y administrativas se resolverán solas con las pólizas creadas para eso. Como ya no estará en mis manos, asumo que sería mucho pedir que nos abstengamos de una misa, pero si me gustaría además un servicio gringo style: hablen de mí, compartan entre uds.  las anécdotas bonitas que tuvimos y recuérdenme por unos minuticos con una sonrisa. No se necesita nada más que el ataúd más sencillo y barato y un arreglo de girasoles encima.  ¡No se atreva nadie a abrir la ventana del ataúd! ¡Qué costumbre más desagradable por Dios! No es una vitrina. Los que quiero que me recuerden no necesitarán ver mi cara por última vez, me tienen en su memoria.

Algo importante y sé que mi familia no va a querer: Donen todo.  Desde mi pelo si alguien tiene a bien hacer una peluca con él, mis corneas, si alguien quiere mi astigmatismo y miopía, piel, órganos, al menos los que se puedan rescatar, ropa, zapatos…

Sé que alguien ya lo dijo, no recuerdo quien: No es miedo a la muerte, es miedo al olvido.  Así que serian muy amables si me recordaran de vez en cuando. Si es con un trago en la mano, mejor.



picture by Jon DeBoer

Y si hay un mas allá… solo espero que sea mejor que este acá.




  1. Just not quite yet Andre... not quite yet...

Publicar un comentario

Contáme...