Stone fence
El tiempo
con Marianita es para mí un verdadero placer.
No solo por
ser la única personita cercana a mí de menos de 10 años, sino por el cariño, casi maternal, que la vida no me había enseñado ni siquiera con mis sobrinos 'de
sangre'. La mente de una niña de 4 años
es realmente divertida y súper interesante.
Su espontaneidad y sinceridad son irresistibles. Y desde su óptica, la vida se ve taaaaan
linda! Una no puede evitar preguntarse: ¿Donde
putas en el camino quedo todo eso?...
Por ser criaturitas
auténticas y sin malicia, Mari y mis perros se llevan a las mil
maravillas. Gala, con su tamaño, bien
puede parecerle a Mari un bello corcel gris; y Venus, la nueva adquisición de
la familia, puede parecerle un perro de mediano tamaño a pesar de ser solo una
cachorra.
Estando en el patio de la casa de mis papás, Mari se encontró con una amiguita nueva.
Inevitablemente, la escena me remontó unos 25 años atrás cuando Alejandro y yo
nos encontramos en la misma cerca de piedra. Para nuestro tamaño, era una
aventura escalar las piedras cubiertas por hongos blancos y cuidadosamente
apiladas para hacer una sutil, pero inamovible, separación entre dos pedazos de
tierra con dueños diferentes. Generalmente él, como correspondería a un
caballero, escalaba la cerca para jugar en mi patio. Era (aún es) más grande que el suyo y, los
varios árboles frutales que papi tenía para dar de comer a la familia, servían de
escenografía para nuestras tardes de juego (solo interrumpidas por los chupones
de leche de media tarde). El palo de
guayaba aun hace eco de nuestras carcajadas despreocupadas cada vez que el
viento lo mueve…
De repente, una realidad horrible me sacó sin piedad de mis recuerdos infantiles: la cerca
de piedra ahora tiene otra cerca de alambre sobre ella que impide la comunicación
física con el patio vecino. Mari no podía jugar con su nueva amiguita. Solo podía verla a través de los alambres
unidos en forma de panal.
Aquellos niños
que una vez jugaron allí mismo, crecieron y, se hicieron adultos iracundos y, ya no se
llevaban con los perros y…pusieron una cerca y, ya no se puede jugar...
Ojalá Mari
no crezca nunca.