Welcome

Este es MI rincón. Ha sido también desahogo y terapia. Un sustituto de aquel cuaderno que sirvió de diario y del que ahora me aleja la falta de costumbre y el tiempo que paso frente a la compu. Es una ventanita a mi vida, para quien guste asomarse...at your own risk.
Bienvenid@s

35 stairs

It´s something unpredictable, but in the end is right.
I hope you had the time of your life.

Good Riddance (Time of your life)
Green Day

La refri está llena.

Mami está bien. Sus pantuflas están gastadas por que camina.

Eros y Venus están bien. A pesar de una o dos garrapatas, mi viejito está entrando a la tercera edad con dignidad.

Una maestría próxima a terminar me mantiene ilusionada en poder transmitir lo poco que se de mejor manera.

Las matitas del patio no están en su tope de producción, pero están en franca recuperación después de sobrevivir varias plagas.

Los amigos siguen al pie del canon cantando canciones de madrugada, con guitarras ajenas y letras conocidas.  Como siempre hay caras nuevas, otras que se extrañan, y otras que se enterraron sin honores.

Mi nuevo reto laboral no podría ser más hermoso. Lisiantos, fresias, alstroemerias y lirios me acompañan en la oficina todos los días y me recuerdan que la belleza tiene precio.

El corazón está más lleno que nunca. Aquel miedo a la soledad ahora se ve lejano.  La inevitable preocupación por un reloj biológico que no perdona, ahora es trivial. La tranquilidad que me da su olor como el último impulso a mis sentidos cada noche, no tiene precio. Sus abrazos son la única culminación aceptable para mis días.





Sin lugar a dudas el mejor regalo de mis 35 escalones viene de la vida y es: estabilidad.






La misèrable

Algo se me enredo en los pies, y no pude evitar caerme.

Llevaba a Huda en los brazos porque sabía que sus piernitas jamás iban a poder escapar del policía que quería ver nuestras identificaciones…como si todavía tuviéramos identidad para ser comprobada.

El tiempo pasa rápido cuando vivimos dentro de nuestra zona de confort. Cuando Huda nació hace 7 años, la vida era lo que se puede llamar normal.  Fátima y yo, después de tener Khaled, pasamos varios años pensando que iba a ser hijo único. Un buen día, el periodo de Fátima se retrasó sin ningún aviso ni contratiempo y 9 meses después trajimos a Huda a casa, con mucha ilusión. Nuestra familia era normal, yo trabajaba como profesor de arquitectura en la Universidad de Daraa y Fátima cuidaba de los niños, mientras que de vez en cuando acercaba dinero a la casa con su venta de comida.

Vivíamos bien. Khaled asistía a la secundaria y le iba muy bien. Fátima estaba cuidando a Huda y tenía las manos llenas. Yo estaba satisfecho con mi trabajo.  El país parecía inmune a todos los conflictos que crecían en los países vecinos, los medios le llamaban la Primavera Árabe.

Y entonces llego la sequía.  Venia sin fusiles y sin tanques. La sequía fue subestimada por todos, me incluyo.  Siempre pensamos que era pasajera.  Cada año la plegaria era la misma: agua.  Para las cosechas, para la industria, para la vida… Aprendimos rápido, que la paz también se mantiene con agua.  

La economía cayo, la industria se empezó a ir. El gobierno empezó a hacer negocios con las pocas compañías que se quedaron y empezaron a privatizar el agua.  Solo quienes tenían permisos del gobierno podían cavar pozos.  La gente empezó a desesperar y estallo la guerra. A todo perro flaco se le pegan las pulgas y finalmente los problemas de los vecinos, encontraron casa en Siria.

La universidad empezó a recortar presupuesto y a reducir sus clases. El ambiente en la calle era tenso, teníamos toque de queda y el gobierno se alió con mercenarios para castigar todo lo que consideraran amenazante. Las protestas eran diarias; estudiantes, agremiados, agricultores se tiraban a la calle con hambre, sed y furia.  Se formaron guerrillas entre los reprimidos.  No nos dimos cuenta cuando llego, pero teníamos una guerra civil.

Finalmente, la carta de despido de la universidad llegó y yo ya no tenía como mantener a mi familia. Sabía que no podía dejar que Huda creciera en un lugar así. Khaled era un hombrecito ya, pero la sangre de mi hijo no iba a ser reclutada para morir como carne de cañón. Una de las tantas noches que no podíamos dormir por los disparos y los disturbios afuera, lo decidí: iba a sacar a mi familia de Siria a como diera lugar. "Vamos a ir a Grecia, podemos llegar por mar o por Turquía. Luego podemos ir a Europa, Suiza o Austria son decentes y aun no tienen tantos problemas con inmigrantes como Francia." Nadie en mi familia iba a morir en Siria. Me lo juré esa noche.

A la mañana siguiente Fátima no tuvo argumentos para contradecirme, a pesar de que su corazón lloraba por la tierra que sabía que no volvería a ver en la vida. Khaled me apoyó sin ninguna duda.
Fue duro dejar a los demás atrás.  Mi madre, mi hermano. No podía llevarlos a todos. Cargamos solo con lo necesario. Poca ropa, aun menos comida. Ninguna pertenencia material. El dinero necesario para pagar el transporte  y una eventual mordida para alguna autoridad migratoria que no quisiera colaborar.

El viaje que pudimos costear fue por tierra, por Turquía. Éramos cientos. Colegas profesionales, obreros, mujeres, niños, ancianos; todos huíamos de ese maldito estado de guerra.  Los gobiernos empezaron a ver en nosotros una amenaza y los retenes eran cada vez más difíciles de bordear. Estábamos en una tierra extraña, sucios, con hambre y más vulnerables que nunca.

Estábamos a punto de entrar a Hungría y nuestro grupo era grande.  Se decidió descansar unas horas antes de entrar, llevábamos otras tantas horas caminando y todos estábamos exhaustos.
De repente oímos gritos. La policía nos había emboscado y estábamos atrapados. Khaled tomó a Fátima de la cintura y empezaron a correr para cruzar la frontera.  Me levanté,  y tuve el peor instante de mi vida: Huda no estaba.  El tropel de gente de gente se movilizó y el alma me volvió al cuerpo cuando vi a mi hija de pie entre la multitud, confundida sin saber que pasaba. Tomé la bolsa plástica donde guardamos lo único que teníamos y empecé a correr hacia Huda. Sin detenerme la tomé con un brazo y seguí corriendo hacia la frontera.  Sentí la espalda pesada. Uno de los oficiales me atrapo y jalaba el bolso que llevaba en la espalda hacia atrás. ¨MI FAMILIA NO VA A MORIR¨ y con la adrenalina al máximo logré soltarme de la mano del policía. Tenía que salvar a Huda.  Tenía que alcanzar a Khaled y a Fátima. ¨MI FAMILIA NO VA A MORIR¨ A la frontera, tenía que seguir corriendo, sin ver atrás, sin detenerme, sin soltar a Huda. ¨MI FAMILIA NO VA A MORIR, !MALDITA SEA!¨

Y en ese momento, caí. Cayeron nuestras cosas en la bolsa plástica, cayó mi hija conmigo. Caí yo…junto con mi dignidad y mi esperanza. "Maldita sea, me caí!"... Algo se me enredo en los pies, y no pude evitar caerme.


Dedicado a Petra László.
Gracias por recordarnos lo miserable que puede llegar a ser un ser humano.



Las redes sociales se ensañan con la reportera Petra Laszlo



I don´t envy Melissa Mora


Yo no envidio a Melissa Mora, lo digo de corazón.

Y con la misma vehemencia digo que tampoco me da lecciones de vida.

Tinta Fresca de la Nación ayer, quiso iniciar una reflexión sobre las críticas injustas y envidiosas (¿!?!) que, según la autora, Melissa recibe de nosotras, sus congéneres.

Melissa Mora es una mujer con un físico privilegiado que no ha tenido ni reparo ni pudor para explotarlo. Se ha prestado como carnada fácil para las noticias de espectáculos que cubren la competencia de pretendientes para ver quien le regala el mejor carro. Ella es la personificación de aquella salsita de Willie Colon, “no tiene talento, pero es buena moza¨. El hecho de que afirme que le "sobra talento" para cantar, me parece a mí un evidente problema de oído que algún audiologo debería tratar. Pero más allá de eso,  ¡bien por ella si decidió hacer de su físico su manera de vida!

Ahora; de ahí a que alguien pretenda que las demás le rindamos pleitesía por ser una mujer “segura y desenvuelta” o, se le admire por sus decisiones de vida; me parece que más que una exageración, es la manifestación de un gran desconocimiento de la vida de una tica promedio, o por otro lado, la confesión de una existencia trivial, pequeñita y reducida a personajes como…Melissa Mora.

Existe una enorme diferencia entre una mujer segura de sí misma y una que vive de explotar su cuerpo. No son excluyentes, pero definitivamente no son lo mismo. Esto no es superioridad moral, como juzga la autora, es simplemente ser ubicado en la vida. Yo no pretendería decirle a Melissa que ella debió tener al menos una carrera universitaria y planificar un poco mas para poder dedicarle más tiempo a su hijo. No. Pero de ahí a que algún comunicador insinúe que Melissa Mora es prácticamente un modelo a seguir, ¡no señoras y señores! ¡Hay que tener un poco de sensatez!

Una mujer realmente segura de sí misma no tiene esa necesidad constante de exhibir la mayor cantidad de piel y lo más apretada posible frente a todo lo que tenga un flash. Una mujer desenvuelta sabe buscar entre sus mejores cualidades y desarrollar aptitudes, pero también humildemente aceptar sus carencias. Y perdón….pero una mujer con empuje y soberanía no espera que sus pretendientes le ahoguen en regalos caros.

Lo de ir solas de viaje, tener los cojones de dejar un trabajo asfixiante y poder tragar grueso al dejar ir al hombre que se ama porque se sabe que no conviene…eso es pan de todos los días para nosotras las mortales.

A mi Melissa Mora no me da ni frio ni calor. Pero, levanto la ceja cuando teniendo a mujeres póstumas como Chavela Vargas o Carmencita Granados, contemporáneas como Ana Iztaru o Gabriela Traña o, de noticia actual como la niña Sofía Escalante o la Dra. Sofía Bogantes; alguien nos trate de presentar a Melissa como modelo a seguir.  


Como país, ¿tenemos necesidad de modelos de mujeres seguras y empoderadas? O… ¿de mejores comunicadores?





Grow what you eat

#growwhatyoueat

Uno de los proyecticos más gratificantes del dúo Chavarría/Sánchez ha sido nuestro pequeño vivero.

Estar cocinando y tener “la feria” a solo pasos de distancia en el patio, no solo es rico, sino también saludable.

Los olores de las matitas pasan de la maceta a la olla y de la olla al paladar. 


Marcos, que es un digno representante del DIY culture, puso en madera lo que yo tenía en la cabeza.









Una vez hecha la estructura, usamos los galones de jugo de naranja/zanahoria. El color me parece que hace linda combinación con el verde del patio y se cortan fácil con un cutter.



Recuerden hacerle un par de respiraderos al fondo.


Y ponerle una camita de granza para que mantenga mejor la humedad pero al mismo tiempo filtre el agua.


 
 


Seguidamente, los verdaderos protagonistas:
ORÉGANO


MENTA


HIERBA BUENA


PEREJIL


TOMILLO




Nunca esta demás proteger la madera, puesto que el vivero va a estar a la intemperie.



Y finalmente, disfrute y asegúrese de podarlas seguido para que su comida sepa a hogar.









Frida


Eramos muchos y pario la abuela...

Pero, como decirle que no a esta ricura?

Una vez mas, tengo el gusto de presentar en sociedad, al mas reciente miembro de la familia: Frida









Su incansable energía y curiosidad han traído juventud y risas a la casa. Esperamos que nos cuide a todos por muchos años.



One lap less


Cambio.

Esa sería la palabra estrella del 2014.

Cambio de zona de confort:
“Si uno no vive como piensa, acaba pensando cómo vive.” Decía Don Pepe. Después de muchas veces de criticar a la gente negativa e inconforme en el trabajo “Si no les gusta, por qué no agarran sus chunches y se largan?” Y bueno, me toco apechugar, y hacerlo. Salir de la zona de confort puede ser fácilmente el obstáculo más común y poderoso para nosotros, reluciente clase obrera. Yo ni me arrepiento ni me enorgullezco. Es solo lo que había que hacer. Aún siento como un trompo en la bolsa de atrás al dormir. Tal vez algún día ya no lo sienta más.

Cambio de dígitos en la cuenta bancaria:
“El dinero, el único Dios verdadero” dice Sabina. Amen. Poca gente puede entender que a veces rebajarse el salario puede dar réditos mayores a la plata que se está dejando ir.  La plata, o mejor escrito, el estilo de vida que la plata me permitía tener es definitivamente el cambio más difícil de digerir. Va mucho más allá de cambiar L’Ebel por Avon, Olio por la Yoguis o Cemaco por Pequeño Mundo.  Esos cambios no duelen.  Lo que si desgarra es saber que mami ya no puede ir a la Torre Médica de Momentum, ahora mi viejita tiene que ir al Ebais. O que las cenas de Navidad ya no incluyen carne o que el entretenimiento ahora es un lujo. Escoger es sacrificar.

Cambio de horario:
“Con mucha menos plata, pero mucho más feliz” decía Armando Espinoza. Algo bueno tenía que haber ah?! Pues si, a pesar de las preocupaciones que trae un presupuesto ajustado; mis días y en especial mis fines de semana son mucho mejores. Ahora tengo más tiempo para todo: mis perros, mi familia, mis hobbies y mis amores. Los eternamente postergados proyectos de la casa van saliendo poco a poco.  La cultura DIY es seductora y gratificante.

Cambio de estatus civil:

“Live well, laugh often, love much” dice la poesía del portarretratos barato que tengo en el baño. En todos los cambios del ano que paso, hubo un cable trasversal que evito mi inminente derrumbe incontables veces.  Fue un núcleo de inagotable paciencia, motivación y amor. El compromiso más genuino que he podido atestiguar y la testarudez más tierna. El apoyo a prueba de balas y la honestidad que a veces corta como papel.  La complicidad como estilo de vida. El construir juntos como herramienta. Mi estatus civil no ha cambiado en mi cédula, pero si en mi vida. Ahora somos dos.