One lap less
Cambio.
Esa sería la palabra estrella del 2014.
Cambio de zona de confort:
“Si uno no vive
como piensa, acaba pensando cómo vive.” Decía Don Pepe. Después de
muchas veces de criticar a la gente negativa e inconforme en el trabajo “Si no
les gusta, por qué no agarran sus chunches y se largan?” Y bueno, me toco apechugar,
y hacerlo. Salir de la zona de confort puede ser fácilmente el obstáculo más común
y poderoso para nosotros, reluciente clase obrera. Yo ni me arrepiento ni me
enorgullezco. Es solo lo que había que hacer. Aún siento como un trompo en la
bolsa de atrás al dormir. Tal vez algún día ya no lo sienta más.
Cambio de dígitos en la cuenta bancaria:
“El dinero, el único Dios verdadero” dice Sabina. Amen. Poca
gente puede entender que a veces rebajarse el salario puede dar réditos mayores
a la plata que se está dejando ir. La
plata, o mejor escrito, el estilo de vida que la plata me permitía tener es
definitivamente el cambio más difícil de digerir. Va mucho más allá de cambiar
L’Ebel por Avon, Olio por la Yoguis o Cemaco por Pequeño Mundo. Esos cambios no duelen. Lo que si desgarra es saber que mami ya no puede
ir a la Torre Médica de Momentum, ahora mi viejita tiene que ir al Ebais. O que
las cenas de Navidad ya no incluyen carne o que el entretenimiento ahora es un
lujo. Escoger es sacrificar.
Cambio de horario:
“Con mucha menos plata, pero mucho más feliz” decía Armando
Espinoza. Algo bueno tenía que haber ah?! Pues si, a pesar de las
preocupaciones que trae un presupuesto ajustado; mis días y en especial mis
fines de semana son mucho mejores. Ahora tengo más tiempo para todo: mis
perros, mi familia, mis hobbies y mis amores. Los eternamente postergados
proyectos de la casa van saliendo poco a poco.
La cultura DIY es seductora y gratificante.
Cambio de estatus civil:
“Live well, laugh often, love much” dice la poesía del portarretratos
barato que tengo en el baño. En todos los cambios del ano que paso, hubo un
cable trasversal que evito mi inminente derrumbe incontables veces. Fue un núcleo de inagotable paciencia, motivación
y amor. El compromiso más genuino que he podido atestiguar y la testarudez más
tierna. El apoyo a prueba de balas y la honestidad que a veces corta como
papel. La complicidad como estilo de
vida. El construir juntos como herramienta. Mi estatus civil no ha cambiado en mi cédula, pero si en mi vida. Ahora somos dos.