Le petit comité
Creo que
uno de los anhelos de todos y todas en la vida debería ser formar parte de un petit
comité, de alguien, de algo.
Eso nos
asegura que hay un círculo de confianza, un grupito de amigos para quienes
somos importantes y quienes son importantes para nosotros.
Aquellas
fiestas veinteañeras de “entre mas mejor” no solo quedaron atrás, sino que
proactivamente han sido pensionadas debido a diferencias políticas, religiosas
y de mera batería social.
Ya no
reservamos en bares, sabemos que un par de mesas tendrán sillas de sobra para
sentar a quienes realmente se toman la molestia de celebrarnos. Es molestia,
si, un poco. Niñera, transporte, gasto inesperado, ponerse ropa ligeramente mas
formal que la pijama, posible goma…ciertamente es un enfuerzo consciente.
Mi esposo
lo hace porque es prácticamente parte del contrato firmado, y por qué seguimos
escogiéndonos todos los días, ¿pero mis amigos? ¿Aun peor, mis conocidos?
¿Como un
ser humano puede tener la enorme cortesía y el sentido sacrificio de vigilar
unas nueces mientras el azúcar vuelve sobre ellas a su estado líquido para que
yo, sin remotamente merecerlo, pueda degustarlas con una sonrisa en la boca por
ser una deliciosura que yo ni en mis mejores sueños podría cocinar?
¿Pero cómo
no celebrar? Como no salir de este mierdero de país y de mundo por unas horas y
olvidarnos de todo para celebrar ese cumpleaños, la casa nueva, el doctorado. ¿Como
no celebrar cada pequeña puta victoria de nuestras ínfimas vidas si no sabemos
si en el segundo que sigue vamos a dejar este post inconcluso cuando la última inspiración
deje a mis órganos huérfanos de vida?


