R.I.P 5.D.
Es una sensación extraña ver los toros desde la barrera, en
especial cuando todo suena tan cercano y tan familiar.
Solo el contraste con otro trabajo me hizo darme cuenta que el jefe, no era un titulo que usaba con
Tony, sino casi un nickname cariñoso.
Portadas en la Nación y ser el baby nuevo del pupilo de
Greyvin Moya es un tipo de fama que nadie quiere.
Cada quien tiene una lista de reglas de vida (o ninguna),
por las que quiere, o puede vivir.
Uno puede estar de acuerdo o no con las apuestas, pero lo
que no puede hacer es perder la perspectiva del terreno que se piza. Cuando las brazas ya no queman, nos relajamos
y perdemos cuidado. Claramente no hablo acá del juego de poker de a 1000 con
los compas, o los 5000 pesos que uno está dispuesto a regalarle al dealer de la mesa de 21. Nosotros éramos
grandes ligas, éramos la macha más rica de la fiesta, y literalmente, así lo decíamos.
Todos éramos unos chamacos con un poder adquisitivo muy
grande para el promedio de los amigos de nuestra edad. Tomamos, disfrutamos,
paseamos, nos reímos y no pocas veces lloramos.
Hubo momentos duros como la muerte de su mama o, de mi lado,
la triste historia de Esteban. Incluso
cuando papi murió, mis primeras llamadas fueron para mis amigos/compañeros de
trabajo de 5D. Las fiestas, nadie lo
niega, fueron memorables. Fueron buenos tiempos y hay un puñado de gente que a
estas alturas podría contar como amigos de la vida.
Los tiempo cambian, y la gente también.
Llegamos a crear un ambiente feo, puñal, sin reglas ni
respeto. Nos convertimos en el
estereotipo odioso de un sportbook y
lo único que nos hacia diferentes era la pericia de las líneas de el jefe, o su
estilo heredado a sus Line Managers. Empezamos
a menospreciar a la gente “there’re a
huge line of people outside waiting for your job” y muchos buenos se fueron
con el corazón arrugado y con sangre en el ojo.
Empezamos a hacer estupideces. Loundring era una frase común en la oficina, perdimos el miedo y la
prudencia. Se quería, no lo mejor, si no
lo más caro. Y como cereza del pastel…nos
dio la gana deberle a la CCSS…porque si.
Yo no reniego de la industria, me dio lo que hoy
materialmente me da tranquilidad y una década de mis 20 muy memorable. A mí nunca
me dio vergüenza trabajar en un call
center; faltaba más! pero mi ciclo empezó a cerrarse con una tendencia
marcada hasta que un día, porque tal vez Dios si existe, cumplí la máxima que
tantas veces repetí: “Si no te gusta
estar aquí, lárgate”, y me fui.
El que anda con lobos a aullar aprende. Y uds. cren que
hablo de los malos hábitos del mundillo de las apuestas? No, que va. Tony también fue un chamaco como
todos nosotros, y la plata nunca lo afecto, no era nada extraño para él. Pero la gente de la que decidió rodearse, no
fue la mejor.
Después de la lista de
pillos que tuvo como gerentes generales, y con una voluntad muy lavada ya,
nunca sabremos si el sol llego por decisión…o
porque no había nadie más. Una
autoestima diezmada, sumada a traumas de niñez por la ausencia de papá, no es
una historia original. Pero por alguna razón cuando le sumas millones de dólares
a esa receta, tenes una perra despiadada con hambre de humillación. O al menos, esa fue la historia que nos toco.
El futuro por ahora está en hold, pero es bien sabido que el IRS no perdona ni a su madre.
