Shoot!
Eran tres puntitos. Solo había que alinearnos.
La posición. La idea
es siempre tener un punto de apoyo fuerte. Un pie frente al otro, o paralelos,
pero siempre separados para dar estabilidad al cuerpo. Rodillas flexionadas,
pero cadera firme. Un tren inferior cómodo pero solido. Los brazos también deben
estar flexionados, eso ayuda a absorber el latigazo y también da equilibrio al
cuerpo.
Agarre. Las manos deber estar firmes, cubriendo y dando
soporte al mango. Los pulgares deben
estar uno al lado del otro, no uno encima del otro.
Respiración. El movimiento natural del cuerpo al respirar
dará imprecisión, es por eso que se presiona constante y suavemente mientras se
inhala y se exhala. El segundo cuando el cuerpo no recibe ni da aire, es el
preciso momento para poner la última libra de presión en el gatillo.
Después de hacer una breve visita al mecánico, la cercanía con
el polígono y el viejo plan ya casi archivado, marcaron la dirección de un
lunes en la noche. El lugar quedaba en una de las zonas más desoladas de Pavas,
creo que colindaba con el rio; difícil de asegurar que había más allá del
alcance del fluorescente.
El gusto de Marcos por las armas no es nuevo para mí, pero
si estaba lejos de imaginarme el alcance de su conocimiento en la materia y de
su excelente puntería.
El equipo básico son tapones para oídos y lentes
protectores. Te dan una pistola descargada, el magazine y vos compras las municiones. Yo juraba que en
el polígono se usaban salvas…pero NO! Se practica con balas reales y con armas
cargadas; de esas que matan gente.
La pistola es pesada, de metal. El solo sostenerla es una sensación poco
natural. El ruido del disparo calla todo lo demás y para la respiración. El
microsegundo donde el gatillo se dispara, donde ya no se puede deshacer la trayectoria
de la bala, es adrenalina pura.
Una primera vez menos. Definitivamente, una cita para
recordar.
