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Este es MI rincón. Ha sido también desahogo y terapia. Un sustituto de aquel cuaderno que sirvió de diario y del que ahora me aleja la falta de costumbre y el tiempo que paso frente a la compu. Es una ventanita a mi vida, para quien guste asomarse...at your own risk.
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Paul McCartney: first world show, third world audience


Es muy simple. El es un caballero inglés; y carga el título impecablemente.

Hago la salvedad que mi gusto por los Beatles se despertó con aquel LP en casa de mami y que ya las polillas se encargaron de pasar a mejor vida. Estoy muy lejos de ser una verdadera apasionada de su música y carrera. Pero como ayer no pedían carne del club de fans a la entrada, me dejé llevar muy dócilmente con el objetivo de complacer y hacerle compañía a mi chico.

Mis expectativas eran altas porque no puede ser de otra manera con alguien que ha mantenido vigente su música por medio centenio. Pero a pesar de mi poco apreciada meticulosidad, para mi fortuna, la realidad me sobrepasó y ayer Mr. McCartney nos regaló fácilmente el mejor concierto que he visto en mi tierra.  

Por austeridad fuimos a la localidad más barata y mi 1.62 me tenía bastante resignada a no ver mucho, pero las pantallas HD gigantes a los lados del escenario permitieron ver incluso al pequeño abejón de mayo que, sobre la manga blanca de Paul, fue protagonista por un momento (Como no!? Era un beetle!).

Como todo un caballero, artista, profesional y cálido ser humano, se permitió practicar su español en la mayor parte del concierto. No tenía necesidad, acá todos soñamos que balbuceamos inglés (ayer en especial with a Briton accent) y tampoco se esperaba de él. Aún más allá, hizo gala de su cordialidad sacando varios costarriqueñismos que nos deshicieron como helado en el puerto.

Su equipo de músicos es gente a todas luces talentosa y apasionada por lo que hacen. La calidad del sonido fue una de las mejores que he escuchado, tanto así, que pude entender muchas de las letras que no me sabia.

Por supuesto que como niños, los fuegos artificiales que adornaron espectacularmente a Live and let die, nos deslumbraron a todos.  Creo que incluso al mismo Paul, cuando le reventó una bombeta mas cerca de lo que esperaba. Las luces estuvieron igualmente impecables. Yo tengo que hacer una mención de honor a la dirección de cámaras, puesto que parecían adivinar a donde querían ir los ojos de aquella multitud que aunque no veíamos al cantante, no perdimos detalle del concierto gracias a ella.

Dicen los que saben que no se guardó nada. Mis favoritas? Clásicas y predecibles: Hey Jude, por la energía del estadio; Yesterday, solo por poder escucharla de sus labios y I Love Her, porque me la cantaron al oído.  Honestamente, un conciertazo.

Pero así como Paul hizo un impecable trabajo, me parece justo decir que nosotros, la audiencia, no estuvimos a la altura.

A veces es incomodo darnos cuenta de todos los vicios que tenemos como sociedad y que nos hacen lastre a tierra.

Para empezar, el entremés electrónico acompañado de imágenes legendarias y video de los Beatles estuvo muy bien, pero creo que nadie esperaba contarlo como parte del concierto. Como estaba impreso en las entradas, todos esperábamos, con el cuerpo ya cansado, que Paul y cia. se aparecieran en el escenario a la hora indicada; y no una hora después para darle paso al telonero propio.

Al menos desde mi localidad (entiéndase gramilla atraaaaaaas) el mayor desacierto que rozó la estupidez fue la venta de bancos. Si, banquitos de esos donde usted se sienta…o se para. Y ese fue precisamente el problema.  Pasamos de un comunismo de piso, a un capitalismo salvaje de bancos, donde quienes tenían uno (de ₡950 en Pequeño Mundo a ₡4000 en la gramilla del Nacional!) se ganaban unos 40cm debajo de sus pies, con la obvia molestia de todos los que estábamos detrás de ellos. El hilo se rompió por lo delgado y hubo varios amagos de pleito para lograr que la gente se bajara de los bancos y que los que la Madre Natura había hecho altos pudiesen ver al menos aquella melena perfecta y rockera de McCartney.

Ya en asuntos más generales y de fondo, sería bueno que nos cuestionáramos esa manía casi patológica de grabar todo con nuestros celulares. Pareciera a veces que lo importante no es escuchar y disfrutar a manos llenas el concierto, si no conseguir una (varias…muchas…) pruebas de que estuvimos ahí y que la pasamos bien, para posteriormente hacerlas públicas y…y…. ¿despertar la envidia de los que no fueron? ¿hacer alarde de mi poder adquisitivo por la localidad que pude comprar? O ¿subsanar mi autoestima con múltiples likes? Perdónenme, pero es bastante patético.

Aun nos falta familiarizarnos con eventos grandes y con cultura global. 

Vamos bien…pero faltan fogueos más seguidos.




Foto de Jose Miguel Redondo



Tal vez alguna día, sea tema en alguna mesa de tragos ( o, a como van las cosas, algún cafecito vespertino) que un primero de mayo pude ver a uno de los Beatles en concierto.






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