Resurrected
Resucitaste.
Lo haces de
vez en cuando, cuando menos me lo espero. Supongo que la vida se asegura de no
darme el placebo del olvido. Después de todo, “si a veces miro para atrás, espara saber de dónde vengo”, como decía Fidel.
En una
ciudad con poco menos de 300 mil habitantes, el hecho de que crucemos miradas
en sentidos opuestos de la carretera, detrás del volante, es casi milagroso. Incluso la densidad demográfica de eventos
como el FIA son un obstáculo para cualquiera que quiera y ponga su esfuerzo en
encontrarse.
¿Cómo es
entonces que solo virando mi cabeza unos cuantos grados, en un instante
cualquiera, de el último día de arte, veo tus ojos azures reconociéndome detrás de
la sombra de tus transitions?
Really, which are the odds?
Es claro
que tu gusto por el flamenco ha evolucionado a pasos de gigante; si tomamos de
referencia aquella
noche oscura cuando la Flores fue desplazada por un inodoro. Eso está bien; el flamenco es cálido y amable
para todos: los que vienen con lágrimas, con carcajadas en la garganta, o solo
con curiosidad desenfadada.
Yo fuí a
emborracharme un rato, porque el flamenco me hace falta también. Fuí a que el
taconeo me despabilara el gusto y me desempolvara
la pasión. Fui a recordar amistades y
cariños, que eso nunca está de más. A veces dejamos algo bueno, para tener algo
mejor y, elegir es, inevitablemente, sacrificar.
Te ves extraño
con pantalones largos y un poco más flaco.
Supongo que vos también has tenido que elegir.
