Yo tenía
miedo.
Aquello de
que” cada pueblo tiene el gobierno que se merece” me entristecía enormemente.
¿En serio
lo mejor que nos merecíamos era este Liberación Nacional?
El PLN actual está podrido entre vacas
sagradas clientelistas y una pseudo juventud visceral, imprudente e ignorante,
no solo de la historia ajena, sino (¡tanto peor!) de la propia. Gente ciega, o
bruta, que rechaza la autocrítica como si fuera la peor lepra, sin darse cuenta
que falta de ella es lo que literalmente está extinguiendo al partido político con
mayor, y me atrevo a decir, mejor trayectoria del país. Jovenzuelos sin el
menor respeto de sus adversarios políticos, ensimismados en una lealtad mal
entendida. Gente que le ha vendido su alma al partido.
Alucinar
con un pasado glorioso en medio de arenas movedizas no le hace bien a nadie. ¿Quién
podría negarle méritos a Don Pepe? Pero, ¡qué clase de ridículo es autoproclamarse
su heredero político cantando estrofas olvidadas frente a su tumba!. Don Pepe
se retorció en su tumba, de eso que nos les quepa la menor duda.
La falta de
poda del Ejecutivo con sus propias manzanas podridas, después de haber llegado
al poder con el slogan “Firme y honesta” fue una bofetada para el electorado.
Los incontables escándalos de corrupción de mandos medios; si, esos puestos políticos
y clientelistas, fueron minando, lento pero seguro, las esperanzas de que la Administración
Chinchilla terminára satisfactoriamente su gestión. ¡Acharita que ya no usamos
fusilar a los traidores de la patria! Habría una lista grande para darle la
espalda al paredón.
El PLN está
huérfano y acéfalo.
Suerte
nuestra que este país privilegiado tiene una institucionalidad sólida y mucha
gente que vive aún con mística y con principios. Por eso aun no nos hemos ido
al carajo.
Pero siendo
honesta, sigo teniendo miedo…
Luis
Guillermo Solís nos ha dado esperanza a muchos.
Él solito, se hizo camino desde la invisibilidad, los ninguneos en los
debates y el margen de error. Levantó y le dió nuevos bríos a un partido que
estuvo al borde tanto del poder como del precipicio. LGS es, forzando la comparación,
como una Madre Teresa, ha viajado por el país “dándole esperanza a quienes no tenían
ninguna”.
Pero
timonear el barco de la victoria tiene muchos peligros. Primero, todos se quieren montar en el. No
hay oportunidad de filtros. El ruido de
los vitoreos de desconocidos suele ser un canto de sirena para los políticos,
que sin darse cuenta se acercan a la prepotencia y el egocentrismo. Pregúntenle a Otón Solís.
Ni siquiera
el Hijo de Dios pudo resolver los fallos de nuestro libre albedrio y, no creo
que LGS le gane.
Me da miedo
que nos vuelvan a lavar la voluntad, que nos quiten el ultimo hilito de
esperanza en la clase política que nos queda, que no lo logremos, que sigamos
igual…o peor, sin esperanza.
Mañana
elegimos presidente para los próximos 4 años.
Y espero que todos podamos disipar
nuestros miedos.
¡A votar! Porque
este país se lo merece.