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Este es MI rincón. Ha sido también desahogo y terapia. Un sustituto de aquel cuaderno que sirvió de diario y del que ahora me aleja la falta de costumbre y el tiempo que paso frente a la compu. Es una ventanita a mi vida, para quien guste asomarse...at your own risk.
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About cartagadas



Yo soy papera.  De corazón y a mucha honra.  Amo mi provincia desde el Irazú hasta los Santos. Le rindo culto a la Negrita, que es lo más parecido a una deidad femenina y, aunque no tengo los cachetes colorados, sé que mi ombligo esta en Tierra Blanca.

Dicho esto, procedo a despotricar en contra de las “cartagadas”.

Aunque no me encontré una definición formal del costarriqueñismo, me aventuro a decir que puede tener  dos acepciones: la positiva, en la que sería sinónimo de hombría, valentía o de algún favorecimiento fortuito del azar. Generalmente se usa en referencia a nuestro maltrecho, pero aun en pie, equipo de futbol: “Al rato salen con una cartagada y quedan campeones” Si w’on!

La otra, es la negativa y es la más difícil de definir por lo amplia. Una cartagada negativa sería toda aquella acción que roce o este fuera de los parámetros de la mínima cortesía, esencial sentido común o jerarquías sociales básicas. Así nos ilustra google con algunos ejemplos: cuando Luis G. Villanueva se autoproclamó y acto seguido renunció a la presidencia del Congreso, o cuando la fila para entrar al Kentucky recién inaugurado le daba vuelta a la cuadra, o cuando la municipalidad demolió una fuente preciosa y centenaria para poner en su lugar un mal remedo de obelisco.  A esto, súmele el hashtag #cartagada en twitter y el gran acervo de frases “únicas” de todos los que venimos del otro lado del Ochomogo.

Para mi pesar, algunos de mis amigos cartagos…son muy cartaguitos. Son de esta gente (me disculpo por la generalización de antemano) que le da pena pedir un vuelto, jamás en su vida reclamará en público o le pondrá el pecho a ninguna disputa.  Es gente que te dice “ay, no me llego tu msg” cuando el doble check mark en whatsapp los delata; “ay, no vi la llamada perdida” cuando sabés que se te están escondiendo”; “ay, no te vi” después de hacer contacto visual y que volvieran la cara al otro lado. En resumen, gente que le tiene pánico, fobia, a la confrontación, a decir las cosas mirando a los ojos.  

Gente que vive en una maraña de verdades a medias,  se la creen y… piensan que los demás también nos la creemos.  Gente a la que no le da nada cancelar una cita a la misma hora en la que había quedado de estar en el lugar, o aun mejor, no aparecerse. “¿Cómo? Era hoy que habíamos quedado?”, “uish que torta, vieras que me salió algo con mis papás”… y así, la lista es tan larga como la creatividad del inventor.

Hago la salvedad que yo no estoy libre de pecado, al fin y al cabo, también soy cartaga. Siéntanse libres de recordárme esta entrada si algún día hago méritos.

Si bien es cierto ese miedo terrible al conflicto es bastante tico, los cartagos lo ostentamos con más arraigo. Acá en la capital (soné muy Marimar) el tempo apura y no hay tiempo para tanta comparsa. Hay menos malentendidos, pero inevitablemente, más confrontación. 


Todo depende del lado donde uno quiera estar.






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