Alma mater
Como ya escribí por ahí, nadie que no se haya graduado de la UCR puede entender el sentimiento que la institución crea en uno.
Ser graduado de la U no es solamente tener más peso profesional y un halo de elegancia alrededor del título; es ser parte de la elite académica de este país bendito por Dios.
En la UCR no te enseñan a ser profesional, te terminan de formar como persona. Te entrenan para la vida.
Desafortunadamente, los actos vandálicos de los últimos días han puesto al estudiantado de la UCR como blanco y deposito de criticas (unas bien ganadas, otras no tanto) e insultos.
¿Qué somos chancletudos? ¿Qué somos mechudos? ¿Qué hacemos una marcha por el derecho de los gatos Camboyanos de comer alimentos sin transgénicos?
PUES SI. Ese es el espíritu de la UCR. Jóvenes que salen de un cómodo núcleo familiar y regional y que en la U tienen sus primeros coqueteos con la vida real. Todos los que ahora ganamos en dólares también sabemos lo que es almorzar un cangrejo de La Canela sentados en el pretil haciendo la tarea de algún repertorio. Sabemos lo interminables que se pueden hacer 300 horas y también protestamos por ello. Conocemos muy bien los asientos de Registro porque ahí hemos matriculado, pedido beca, solicitado certificaciones o, si no, mínimo hemos acompañado a alguien que lo hace.
Universitario que se respeta también sabe que es un Olafo y se lo ha tomado, porque también los excesos son parte del entrenamiento. Conocemos los diferentes Reglamentos porque así se nos enseño desde el principio y lo aprendimos de quienes iban adelante; porque no esperamos a los profes después 15 minutos por lección, no matriculamos cursos de otras UA’s y sabemos que cualquier cuerpo policial debe coordinar con las autoridades de la U antes de entrar. Nuestro campus no es un bunker. Aquí la zonas verdes se usan para caminarlas descalzo, para hacer malabares, y para dormirse un rato en el cajón de dos horas entre clase y clase. Aquí lo carros frenan frente a los pasos peatonales, y el derecho de paso es para las ardillas. Aquí se canta igual Iron Maden que Julieta Parra. Los días en semana de finales tienen 36 horas y la gastritis y el estrés son requisitos de graduación.
Aquí se vive, porque para los que sabemos lo que significa, la U se convierte en tu casa, y tu casa…se defiende.
Ser graduado de la U no es solamente tener más peso profesional y un halo de elegancia alrededor del título; es ser parte de la elite académica de este país bendito por Dios.
En la UCR no te enseñan a ser profesional, te terminan de formar como persona. Te entrenan para la vida.
Desafortunadamente, los actos vandálicos de los últimos días han puesto al estudiantado de la UCR como blanco y deposito de criticas (unas bien ganadas, otras no tanto) e insultos.
¿Qué somos chancletudos? ¿Qué somos mechudos? ¿Qué hacemos una marcha por el derecho de los gatos Camboyanos de comer alimentos sin transgénicos?
PUES SI. Ese es el espíritu de la UCR. Jóvenes que salen de un cómodo núcleo familiar y regional y que en la U tienen sus primeros coqueteos con la vida real. Todos los que ahora ganamos en dólares también sabemos lo que es almorzar un cangrejo de La Canela sentados en el pretil haciendo la tarea de algún repertorio. Sabemos lo interminables que se pueden hacer 300 horas y también protestamos por ello. Conocemos muy bien los asientos de Registro porque ahí hemos matriculado, pedido beca, solicitado certificaciones o, si no, mínimo hemos acompañado a alguien que lo hace.
Universitario que se respeta también sabe que es un Olafo y se lo ha tomado, porque también los excesos son parte del entrenamiento. Conocemos los diferentes Reglamentos porque así se nos enseño desde el principio y lo aprendimos de quienes iban adelante; porque no esperamos a los profes después 15 minutos por lección, no matriculamos cursos de otras UA’s y sabemos que cualquier cuerpo policial debe coordinar con las autoridades de la U antes de entrar. Nuestro campus no es un bunker. Aquí la zonas verdes se usan para caminarlas descalzo, para hacer malabares, y para dormirse un rato en el cajón de dos horas entre clase y clase. Aquí lo carros frenan frente a los pasos peatonales, y el derecho de paso es para las ardillas. Aquí se canta igual Iron Maden que Julieta Parra. Los días en semana de finales tienen 36 horas y la gastritis y el estrés son requisitos de graduación.
Aquí se vive, porque para los que sabemos lo que significa, la U se convierte en tu casa, y tu casa…se defiende.