What to do with sadness?
Por mas come mierda que se haya vuelto, Jaques Sagot aún tiene esa capacidad de hacerme detener la marcha por unos minutos para leerlo. Ultimamente es aun mas facil por que la marcha....ya no es marcha, al menos no se siente como tal, se siente como....como...levitar.
"¿Qué hacer con la tristeza?
Déjela pasar adelante y siéntese a tomar café con ella. Nunca la eche: déjela que se canse y se vaya por su propia cuenta.
Vívala: no le ofrezca resistencia. Hay días que fueron hechos para llorar. No le agregue al dolor la frustración.
Póngale nombre: masculino, femenino, grandilocuente o cómico, no importa. Dígale “buenos días”, “buenas noches”, llamándola por él. La palabra es mágica. Nombrar una cosa es ya perderle la mitad del miedo que le tenemos.
Póngala a trabajar para usted: transfórmela en poesía, en música, en belleza; y si usted no es artista, truéquela en amor.
Las personas que han perdido seres queridos a manos de regímenes opresivos, de guerras, de injusticias o enfermedades, pueden conferir sentido existencial a su dolor a través de militancias, de cruzadas, de apasionadas banderías por las causas que juzguen necesarias para evitar el mismo infierno a quienes hayan de venir.
Pálpese el alma regularmente: no hay nada inherentemente malo en la tristeza, pero si ya comienza a venir todos los días con sus damas de compañía: obsesión, postración, apatía, pérdida de élan vital, pulsión de muerte, entonces el momento ha llegado de buscar ayuda afuera.
No la esconda, como si de un crimen se tratase. Además: sumar a la tristeza el silencio es condenarse uno a sí mismo a la soledad “moral” de que hablaba Max Scheller: la peor de todas.
Por otra parte, no la exhiba en pancartas públicas: su tristeza es sagrada, y almas mediocres, primitivas o canallas bien podrían no entenderla o, lo que es aún peor: usarla.
No se avergüence de ella: es cuando estamos frágiles que emerge lo más bello, lo más puro de nuestro ser.
No le confiera poder omnímodo. La capacidad de abstraernos en una actividad exógena, nos va a arrancar, así no fuese más que momentáneamente, al Yo, residencia de la tristeza.
No se culpe a usted mismo por experimentarla. Tómela en sus manos, acurrúquela, caliéntela, así, junto al corazón, como si fuera un pajarito herido.
Que la tristeza lo aproxime a los demás (¡habrá tantos tristes entre ellos!), en lugar de aislarlo. Que se convierta en un agente de solidaridad. Como decía Unamuno: “El dolor hermana a lo seres humanos; la felicidad los separa”.
En su Ética , Spinoza define la tristeza como “la incapacidad para actuar”. Es posible, en efecto, que nuestro impulso hacia la acción se vea disminuido: pero nada podrá robar a nuestra mente su vocación por el pensamiento puro, por la introspección, por el autoanálisis. En esto, también, la tristeza puede ser un generador de conciencia, hacernos más lúcidos y sensatos."
Si nuestro 'enviado cultural' tiene razon, mi persona es un derroche de sensatez.
Estas fiestas....han golpeado un poco. Lo que Jaques no toma en cuenta, es el poder de la tristeza añeja. La tristeza reincidente, la yoyo, la que viene y se va, y regresa pero se vuelve a ir. La perenne, la que se vuelve parte de tu vida.
"¿Qué hacer con la tristeza?
Déjela pasar adelante y siéntese a tomar café con ella. Nunca la eche: déjela que se canse y se vaya por su propia cuenta.
Vívala: no le ofrezca resistencia. Hay días que fueron hechos para llorar. No le agregue al dolor la frustración.
Póngale nombre: masculino, femenino, grandilocuente o cómico, no importa. Dígale “buenos días”, “buenas noches”, llamándola por él. La palabra es mágica. Nombrar una cosa es ya perderle la mitad del miedo que le tenemos.
Póngala a trabajar para usted: transfórmela en poesía, en música, en belleza; y si usted no es artista, truéquela en amor.
Las personas que han perdido seres queridos a manos de regímenes opresivos, de guerras, de injusticias o enfermedades, pueden conferir sentido existencial a su dolor a través de militancias, de cruzadas, de apasionadas banderías por las causas que juzguen necesarias para evitar el mismo infierno a quienes hayan de venir.
Pálpese el alma regularmente: no hay nada inherentemente malo en la tristeza, pero si ya comienza a venir todos los días con sus damas de compañía: obsesión, postración, apatía, pérdida de élan vital, pulsión de muerte, entonces el momento ha llegado de buscar ayuda afuera.
No la esconda, como si de un crimen se tratase. Además: sumar a la tristeza el silencio es condenarse uno a sí mismo a la soledad “moral” de que hablaba Max Scheller: la peor de todas.
Por otra parte, no la exhiba en pancartas públicas: su tristeza es sagrada, y almas mediocres, primitivas o canallas bien podrían no entenderla o, lo que es aún peor: usarla.
No se avergüence de ella: es cuando estamos frágiles que emerge lo más bello, lo más puro de nuestro ser.
No le confiera poder omnímodo. La capacidad de abstraernos en una actividad exógena, nos va a arrancar, así no fuese más que momentáneamente, al Yo, residencia de la tristeza.
No se culpe a usted mismo por experimentarla. Tómela en sus manos, acurrúquela, caliéntela, así, junto al corazón, como si fuera un pajarito herido.
Que la tristeza lo aproxime a los demás (¡habrá tantos tristes entre ellos!), en lugar de aislarlo. Que se convierta en un agente de solidaridad. Como decía Unamuno: “El dolor hermana a lo seres humanos; la felicidad los separa”.
En su Ética , Spinoza define la tristeza como “la incapacidad para actuar”. Es posible, en efecto, que nuestro impulso hacia la acción se vea disminuido: pero nada podrá robar a nuestra mente su vocación por el pensamiento puro, por la introspección, por el autoanálisis. En esto, también, la tristeza puede ser un generador de conciencia, hacernos más lúcidos y sensatos."
Si nuestro 'enviado cultural' tiene razon, mi persona es un derroche de sensatez.
Estas fiestas....han golpeado un poco. Lo que Jaques no toma en cuenta, es el poder de la tristeza añeja. La tristeza reincidente, la yoyo, la que viene y se va, y regresa pero se vuelve a ir. La perenne, la que se vuelve parte de tu vida.
2 de enero de 2010 a las 9:38
Entre nada y la tristeza, elijo la tristeza... La tristeza es sabia.