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Este es MI rincón. Ha sido también desahogo y terapia. Un sustituto de aquel cuaderno que sirvió de diario y del que ahora me aleja la falta de costumbre y el tiempo que paso frente a la compu. Es una ventanita a mi vida, para quien guste asomarse...at your own risk.
Bienvenid@s

Butterfly effect






Todo está relacionado
La virtud con el pecado
La locura y la razón
Todo tiene relación
El puñal y el corazón
Lo real y lo imaginado
Nada es insignificante
Un acto muy relevante
Hace polvo una nación.
Y el más ínfimo aleteo
De una mosca de borneo
Puede ser tu perdición.
Todo es uno digo yo
Lo que Sí! lo que No!
Lo que vale y lo que pela
Nada queda en el olvido
Nada pasa sin sentido
Todo pedo deja estela.
Y esa es nuestra maldición
Entre tanta conexión
Nada pasa sin tocarte
Es un juego sin azar.
¡La bomba te va a matar!
Aunque caiga en otra parte.
Todo tiene conexión
La modestia y la ambición
Lo divino con lo humano
Nada escapa nada es vano
Lo eterno y lo cotidiano
El castigo y el perdón.
En la olla universal
Si a los chinos les va mal
Paga el pato la vecina
El deshielo del glaciar
O el hambre en Madagascar
Todo empieza en tu cocina.
La miseria, la riqueza
Los siervos y la nobleza
Gobierno y oposición.
Todo tiene relación
La lealtad y la traición
Y la duda y la certeza.
Y esa es nuestra maldición
Entre tanta conexión
Nada pasa sin tocarte
Es un juego sin azar.
¡La bomba te va a matar!
Aunque caiga en otra parte.
En el fondo de los mares
Caminan bestias lunares
Que yo nunca conocí
Pero se que su destino
Será lluvia en mi camino
Y que son parte de mí.
Y si allá en aquella tierra
Uno muere en pie de guerra
Aquí morimos poco
Mas si alguien haya la paz
Bailamos un día mas
Y soltamos a los locos.
Y esa es nuestra maldición
Entre tanta conexión
Nada pasa sin tocarte
Es un juego sin azar
¡La bomba te va a matar!
Aunque caiga en otra parte.
Y esa es nuestra maldición
Entre tanta conexión
Nada pasa sin tocarte
Es un juego sin azar.
¡La bomba te va a matar!
Aunque caiga en otra parte.
Mal Pais



Mario...Te nos fuiste



“Ahora tengo ganas de irme, llevándome todo ese mundo que tengo en mi cabeza y los diez o doce cuentos que ya tenía preparados para Octavio, mi nieto. No voy a suicidarme (¿con qué?), pero no hay nada más seguro que querer morir. Eso siempre lo supe. Uno muere cuando realmente quiere morir. Será mañana o pasado. No mucho más. Nadie lo sabrá. Ni el médico (¿acaso se dio cuenta alguna vez de que yo podía hablar?) ni el enfermero ni Teresita ni Aldo. Sólo se darán cuenta cuando falten cinco minutos. A lo mejor Teresita dice entonces papá, pero ya será tarde. Y yo en cambio no diré chau, apenas adiosito con la última mirada. No diré ni chau, para que alguna vez se entere Octavio, mi nieto, de que ni siquiera en ese instante peliagudo violé nuestro pacto de sangre. Y me iré con mis cuentos a otra parte. O a ninguna.”


Los genios no deben morir, decía Nacho Cano. Y tenía razón.


Cuando me hiciste llorar, supe que ya no eras cualquier autor, ahora eras uno de mis favoritos.


¿Y ahora quién me va a hacer llorar al leerlo? Me dejás con una esquina rota en las primaveras que ya no tengo; me dejás viuda como tu sirena.

One virgin less

Las vírgenes; unicornios del siglo XXI.

Después de una lucha desigual contra el cáncer, Soledad (maldita ironía del destino), la mejor amiga de mami, descansó de su dolor y murió.

Sole era una de las que conformaban la gente de mi vida que en algún otro momento menté. Una señora morena, delgada. Nunca se casó y por eso oías a la gente decirle “Niña Sole”. Tenía el pelo largo, largísimo, por la cintura. Religiosamente lo usaba en dos trenzas que le caían por la espalda. Las trenzas no terminaban hasta el final del pelo, se detenían mucho antes y entonces comenzaba un colocho perfecto que chocaba con su cadera cada vez que caminaba. Usaba zapatos chinos; los únicos que no torturaban tanto sus juanetes increíblemente grandes. La veías subir cerca del medio día a su casa con las compras para hacer el almuerzo del día. Nunca un pantalón. Recuerdo que tenía unos aretes de plata que me gustaban mucho, se los ponía cuando se ‘mudaba’. Vivía sola en la casa de madera heredada de su mamá. Los pisos siempre impecables y tenía muñecas en las camas que sobraban. Le gustaba mucho cuidar su jardín y se ponía guantes y usaba una tablita para no lastimarse las rodillas.



Sole era una solterona felíz. Si era virgen o no, solo ella lo sabrá.

Ayer la fuimos a despedir y la vimos en un ataúd blanco. Blanco? Si, blanco. Por que nunca se casó. Condenillos católicos que hasta en su último día relacionan al sexo con el pecado. Ella no se casó, o sea no tuvo sexo, o sea es libre de pecado, o sea puede descansar en un ataúd blanco, símbolo de pureza; como el ajuar de bautizo, como el vestido de primera comunión, como el vestido de novia... que nunca usó.

A falta de vestido de novia blanco, mortaja blanca. Fuck.

Y si yo no me caso, most likely to happen, me enterrarán en un ataúd blanco aunque lo único virgen en mi casa sea el aceite de oliva?

Ella se asomaba a mi cuna para ver que la bebé estuviera bien; yo no me asomé a su ataúd. Sé que está bien.


Buen Viaje Sole



Memories in the fog

Con sorpresa llegó a un lugar que ella ya conocía.

El tiempo no pasa en San José de la Montaña, lo único que cambia es la gente.

Los mismos sillones, los cuadros de imitación Picasso. Le pareció que abajo había mas muebles. Al fin y al cabo son más de 5 años. La neblina era la misma eso si. Y en la vista espectacular del Valle Central, habían más luces que las que vió la última vez.

En esa casa la noche siempre se junta con el día entre conversaciones, juegos, licor y tabaco. “Ah si!” recordó; la ultima vez que vino no fumaba. Recordó también los buenos ratos que pasó en esa terraza con su amor de la escuela. Aquel tiempo, que ahora veía lejano, donde el amor era pura alegría y picardía, y el vacío en el estomago no era precisamente por la altura.

En algún momento se perdió en sus recuerdos. Mientras todos esos extraños amigables estaban cada uno en lo suyo, el ruido indistinto la transportó años atrás. Aquella vez, ella estaba muy emocionada por que, como solía pasar, ella tenía ese don de atraer las cosas que quería. Si, pudo haber sido ella la autora de El Secreto, de haber tenido mas conciencia comercial de su don. En fin, ella sabía que ese era el fin de semana para que aquel descendiente de los Bloise supiera que ella había decidido estar con él. Informarlo era mera cuestión de protocolo, ella sabia que era un futuro inminente. Aquella mañana, nublada como casi todas, subieron al Volcan Barva y de regreso, después de una pequeña llovizna, el barro conocía su papel en la historia y fue excusa perfecta para que ella solicitara ayuda para no ensuciarse sus pies. El de sangre azul criolla le ofreció el lomo, ancho y firme gracias a la natación, para cargarla. Y ese fue el primer contacto físico de una de aquella de tantas historias…donde el amor era alegría.

El la sacó de sus recuerdos comenzando una conversación cualquiera. Una barba tupida, buen porte, su camiseta le llamo la atención. ¿Cómo se llamaba? No importa.

Cuando el licor fue mucho y el cuerpo pedía descanso, se encontró compartiendo un sillón con aquel extraño. La única manera de acomodar dos cuerpos ahí era que estuvieran mucho más juntos de lo que ella había pensado. El si lo había pensado, de hecho ese era su objetivo. Incómoda por no poder dormir a sus anchas, pero resignada por la falta de espacio, dejo caer su cabeza en aquel hombro extraño y una de sus manos descansó en su pecho. Un pecho plano era algo ajeno a su anatomía, pero siempre había sido una de sus partes favoritas. Se dejo caer, profundo y con la mente en blanco. De repente sintió unos dedos soñolientos pasearse por su pelo. Jugaron y jugaron, perezosos pero cariñosos, por mucho rato con sus rizos negros. Luego sintió una caricia en su brazo, silenciosa, lenta, suave, solo para recordarle que estaba entre un pecho y un brazo extraños, pero ella se imaginó que eran conocidos, y una vez mas, se dejó caer, profunda y descuidadamente.

Las hortensias enmarcaban la casa y parecían cúmulos de la misma neblina que las cubría. Y le traían recuerdos. Ni buenos ni malos. A ella nunca le han gustado mucho las hortensias.