2024 - Happiness and challenges
Como cábala
cada año me siento un ratito -cada vez más difícil de sacar- y hago el recuento
de los daños de la última vuelta al sol.
El 2024 fue
un buen año.
Lo que me
da de comer. Siempre con un poco de temor de jinx it, tendría que decir
que el trabajo superó mis expectativas.
Buenos
jefes definitivamente hacen el trabajo más fácil y productivo. He sido muy
afortunada de topar con gente trabajadora, sensata y honesta que me respeta, me
corrige con cariño y me apoya en las tantas iniciativas que se salen del saco
del sector público. ¡La U tiene taaaanto en que trabajar! Pero al mismo tiempo
hay tanto talento y tantas ganas de servir bien al país que es imposible no
motivarse. Los nuevos retos no dejan de llegar, y eso también es una bendición.
Mucho aprendizaje, mucho orgullo, mucho trabajo. ALTE, here we come!
Mi motor. Cuando
se es mamá de un pequeñín de 2 años y once meses, es inevitable que sea él el
centro de la familia, nuclear y extendida. Ver a Quin crecer es una de las
cosas mas fascinantes de la vida. Ver como su torpeza de movimientos se va convirtiendo
en precisión impulsada por la curiosidad. Ver como va haciendo pedacitos de lenguaje
con sentido, conversaciones que todavía no están ambientadas en la realidad,
sino en su mundo, pequeñito como él, de historias de arañas, cadejos y
jaguares. Verlo caerse y cada vez levantarse más seguro, más alto, menos bebé. Verlo
enseñar poquito a poco su personalidad cariñosa, curiosa y siempre alegre –
excepto cuando papá o mamá lo regañan-. He es doubtlessly my masterpiece.
El segundo
mayor rol de familia, como pareja, ha encontrado a un hombre suficientemente
seguro de si mismo, para quien ese segundo lugar no significa mas que un cambio
de prioridades temporal que se asume con gusto y responsabilidad. Marcos no es
mi masterpiece, pero es mi amor mas preciado. El hace que las cosas,
todas ellas, sean mejor.
Nuestra red
de apoyo invaluable. Mis hermanos, con sus problemas de salud inquietantes,
pero por suerte no incapacitantes, y su amor incondicional para Quin. Mis
suegros y cuñados y cuñadas, que le dan a mi hijo recuerdos que van a moldear
su personalidad. Los amigos y amigas, quienes siguen ahí desde hace mucho rato
abonando esta matita, que a veces se marchita, pero que no muere.
También hubo
perdidas este año. Venus, my baby girl cruzó el arcoiris. Tan miedosa, tan apegada a mí, tan señora. Mi
bebe fue tan estoica que optó por tomar ella la decisión de cuando irse. ¡Como se lo agradezco! Y algunos
a quienes ya no les abrimos la puerta, porque ya no los podemos llamar amigos. Algunas
medallas se cayeron también, pero fueron más aprendizaje que perdida.
No logré
aun encontrar un rinconcito para mi fuera de la familia y el trabajo, pero
tengo la tranquilidad de que ya vendrá.
¿Qué viene
para este año matemáticamente perfecto?
Frances? Guardería?
Oregón?
Felicidad y
retos. 2024 – you were good to me