Walter and Joaquin
Ayer
murieron dos cosas significativas para mí: Don Walter Ferguson y mi relación de
larga distancia con Joaquín Sabina.
El primero,
padre del calipso limonense, hijo predilecto de este país (justo a tiempo
diputados), artista honesto que dejó la mejor herencia al mundo: fotos
de su querida Cahuita hechas canciones, inmortales, como él. Don Walter, Dr. Bombodee,
Mr Gavit… nunca falla en traer ese olor a mar con Cabin in the Water, esa brisa
con palmeras moviéndose en Callaloo o esa sensación de que el tiempo en Cahuita
pasa mucho mas lento con Carnaval Day. Su calipso personifica la historia de
ese inmigrante afrocaribeño que canta para olvidar, pero igual para celebrar. Su
kryol hermoso y perfecto se enredó toda su vida
con las cuerdas de su guitarra para crear la banda sonora del caribe limonense.
Los genios no deben morir…pero como negarle el descanso después de 103 años de hacer este país aun mas hermoso. Siga siendo luz, maestro.
El segundo,
la ruptura. Desde que lo conocí, cada vez que Sabina venia a visitarme a Costa
Rica, nos veíamos, cantábamos y casi siempre tenía un preámbulo que involucraba
vino y buenos amigos. Amigos Sabineros, amigos de bombín. Ayer yo no fui a la
cita. Si quería ir, como no?! Si desde hace al menos 3 visitas pensamos que esa
será la última. Pero Joaquinito es mala hierba. Hace varios meses leí un
comentario que por unos segundos me ofendió, pero inmediatamente después me dejó helada. Alguien en twitter decía “ No se que es el romance aun con ese
depredador”, refiriéndose a Joaquín. ¡¿Como se atrevían?!... ¿Como se… puta,
será que tienen razón? Y ahí salió la académica feminista a hacer su interminable
lista de preguntas sin respuesta. Pues sí, el mismo nunca ha tenido reparo de
decir que estrenó unos cuantos hímenes en su mocedad,
y que las caderas jalaban mas que un corazón. Don’t meet your idols, dicen los
gringos. Por décadas, mi sueño era conocerlo, hablarle, decirle
que me ha cantado desde que tengo memoria y que hemos llorado tantas veces que
ya ni se cuentan. Que aun hoy, cuando Alexa me ayuda a escucharlo, vuelve a mi
esa melancolía contradictoria y juvenil que sacude el cuerpo. Pero ayer no fui
a la cita. No se si fue la feminista ortodoxa, la ausencia de Pancho Varona, el
esfuerzo que ahora me toma buscar niñera o el miedo de despedazar a ese ídolo
de juventud porque como él dice, cada vez duele más oírlo…tal vez todas, tal vez
ninguna. Con conciencia y con bastante dolor, decidí dejar ir a Joaquín.
“Si el corazón
no rima con la realidad, cambio de rumbo, sintiéndolo mucho.”