Belated portrait
Mis papás nunca tuvieron un retrato. Eso era para gente de plata. No hay fotos
familiares excepto por contadas ocasiones; y en esas siempre salían serios.
Mis papás eran
de los que no sonreían en las fotografías y que gustaban a Sabina.
Era casi como una culpa y una falta de etiqueta ser feliz y mostrarlo.
Nunca sabré si era producto de la religión, de la vida sin lujos o de una decisión
personal, porque ya ninguno está conmigo.
Pero en
esta, que se tomó en alguno de mis cumpleaños, salieron sin estar conscientes
en una esquinita de la foto. Mami detrás de papi, casi con complicidad, se dejó
una sonrisa relajada y sincera.
Papi no
enseñaba los dientes; le faltaban algunos. Así que esos labios estirados a
los lados, camuflados por su sempiterno bigote, eran la máxima muestra que se permitía
de estar feliz.
Me hacen mucha falta los dos.
Me arruga el corazon que solo que quede de ellos este retrato extemporáneo.
