My Godfather
Si cierro los ojos, aun puedo sentir sus manos de agricultor
callosas y agrietadas. También puedo
escuchar su risilla nerviosa acompañada de un “Hola linda!”
Mi padrino ha sido de esas personas que estuvo conmigo todos
los días de mi vida, hasta que la muerte miserable se lo llevo el mes pasado.
Padrino fue siempre un hombre duro de campo. Sus manos le sacaron incontables frutos a la
tierra y también criaron dos hijos. Sus
maneras a veces eran toscas como sus manos, pero también sabían dar caricias y
palmear espaldas para apoyar.
Era un hombre común.
Uno de esos ladrillos que se pierden en la pared, pero que sin él, este
no tendría solidez. De esos hombres callados que hace lo que tenga que hacer
para sacar a su familia adelante y para hacer a este país mejor.
Aficionado al futbol, se fue, como muchos otros, sin ver al Cartaginés
campeón.
A sus 82 años (según mi madrina) no los aparentaba y su pelo
mayoritariamente negro, impecablemente peinado hacia atrás con Plastigel ayudaba
a una apariencia de come años.
Lo recuerdo con su jacket caqui, sentado en la mesa de la
casa de mami un domingo en la tarde, con los dedos entrecruzados y una sonrisa
perenne.
Su corazón le fallo cuando todos pensamos que ya todo estaba
controlado. Maldito corazón.
Si hay cielo, no me cabe duda que padrino está ahí. Probablemente
conversando con papi de que ojalá entre el invierno pronto, para poder sacar una
buena cosecha…