Dumb, blind and deaf
Cuando uno
decide estar en pareja, inevitablemente debe presupuestar algunos cambios en el
estilo de vida.
Esto,
porque dicho en buen tico, si quiero seguir igual, mejor sigo sola.
Convivir
y/o vivir con alguien es un reto constante y solo para valientes. Cuando uno
lleva años lidiando con solo uno mismo y una rutina de soltería más o menos
constante, el reto es aún mayor.
Entonces se
confronta uno con la pregunta del millón ¿que tanto se debe ceder para seguir
siendo una misma pero, a la vez construir una buena relación de pareja? ¿Dónde
está la línea entre la tolerancia y la sumisión?
Desde la
humilde opinión de esta, ni famosa ni sumisa, creo que hay decisiones que se
toman desde la discusión en pareja, pero hay otras que se toman en silencio,
desde el fondo de nuestros corazones femeninos.
Siempre he
levantado la bandera del feminismo y me enorgullece hacerlo. Es un
agradecimiento que le debo a todas las que vinieron antes y lucharon batallas
para que alguien como yo, en este lado del mundo, a estas alturas de la historia
pueda vivir realistamente la igualdad de género. Claro que la tarea está lejos
de estar completa, pero para eso seguimos caminando.
Los roles
“tradicionales” son realmente la vocación de muchas mujeres. Hablo de esas que
habiendo podido escoger y teniendo la información para hacerlo, se sienten bien
y realizadas quedándose en casa, haciendo tareas domesticas y cuidando de los críos.
¡Bien por ellas! La razón de ser de las luchas feministas es empoderar nuestra
feminidad y nuestra humanidad sin tener un parámetro masculino de comparación. Así
que si vamos a abogar por la libertar de elección en todos los aspectos de
nuestra vida, no podemos volvernos y condenar a las que deciden seguir el
camino que muchas quisimos cambiar. Libre albedrio.
Cuando uno
anda viviendo la vida loca se vale todo porque al final somos nosotras las
únicas posibles víctimas de nuestras acciones. Causa y efecto. Pero cuando hay
alguien más en nuestra vida, no se vale obviar los efectos que nuestras
acciones pueden tener en esa persona.
Por eso, guardando las distancias del caso, claro que a Pique no le va a
gustar ver a Rafa Nadal arrimándole el mueble a su esposa. El pecado de Shakira
fue insinuar que era Pique el que no “la dejaba”, en vez de decir, simplemente
eso, “yo no tomaría decisiones profesionales que hirieran a mi compañero”. Dejé
de defender a Shakira cuando se volvió indefendible artísticamente hablando,
así que este ejemplo queda al margen del resto de su vida y carrera
profesional.
Pertenecemos
a una generación en donde se nos enseña a ser autosuficientes e independientes.
Y eso está muy bien, pero es también un verdadero reto poder sobrellevar esas
características dentro de una relación de pareja. Se
nos convence que “ceder” terreno es para débiles y que “si no le gusta como
soy, se puede ir”. Tal vez algunas veces
funcionará, no digo que no; pero cuando lanzamos un dardo de ese tamaño el
mensaje es que no me importa que la otra persona esté aquí o no. Y, ¿por qué
alguien habría de quedarse donde no es necesitado/querido/apreciado?
No
necesitamos volvernos tontas, ciegas y sordomudas para que alguien nos quiera.
Y si es así, pues sería una excelente señal de que estar sola no es tan malo. Hay
que amar sin cálculos, pero con un pie en la realidad y otro en la ilusión. Uno
de nuestros objetivos debería ser hacer al ser amado sentirse amado y especial.
Sin barreras de rivalidad o restricciones de prudencia. Eso, definitivamente, nos hará el camino más
agradable y nos dejará la satisfacción del deber cumplido, si el amor, algún día,
se acaba.