About kitchens and buttons
Es muy frustrante saber que te robaron; y en tu cara.
Era hora de gastar el aguinaldo y la casa necesitaba (a petición
incasable de mami) una cocina. Yo, cliente confiada en la honradez del
electricista empírico que hizo las conexiones en casa, asumí que aquella toma
de corriente diferente a todas las demás de la casa proporcionaba un voltaje de
220. Pero la luz intermitente del reloj confirmo que no.
Con sus amarillos y cariados dientes “el Macho” me había asegurado
que el toma 220 quedaba listo para cuando “me hiciera de una cocinita”. ¡Mentiroso
y ladrón!
Entonces, el hombre de la casa anuncio sabia y firmemente que
nadie hace las cosas tan bien como uno mismo. Y lo hizo. Como programador es un
excelente electricista y un cómplice aún mejor.
No escuche una sola insinuación de queja por las varias ampollas en las
manos, nulo apoyo operacional y pobre alimentación durante las etapas iniciales
del proyecto. Me gusta pensar que cuando tome el otro lado del yugo, jalamos más
y mejor. Al final de la faena, le vi en
los ojos verdadera satisfacción de labor cumplida cuando la luz del horno
finalmente encendió. Estaba feliz por mí,
por él y por nosotros.
El verano sigue regalando atardeceres secos y
espectaculares. El dólar sigue subiendo. Venezuela sigue contando muertos en nombre de
Bolivar. Johnny Araya sigue su exitoso proceso de conversión cristiana. La colonial Iglesia de Orosi sigue ahi. Los
amigos se siguen llendo...aunque algunos llegan desde Holanda para saludar.
Y yo, sigo creyéndome
que soy feliz y, que esto va a durar y, que la vida finalmente me sonríe... mientras
coso un botón en una camisa azul y ajena.
P.D.
Lo se, enero fue mi primer mes estéril en varios annos. Pero créanme, valió la pena.