Letting go
“Se nace
solo y se muere solo” es una sentencia demasiado pesada para vivir.
Pero con
los años, uno se da cuenta que es así.
A mí no se
me da bien el positivismo, ni el amor público y desbordado, ni la esperanza, ni
la fé. Pero las pocas virtudes que tengo, son muy buenas. Soy inquieta, leal y
honesta. A veces demasiado de las tres.
Tampoco se
me da bien dejar ir amigos queridos. Este año que agoniza ha sido en particular
duro por todas las amarras que se soltaron del muelle. Yo soy de esa gente rara
que considera a ciertos amigos o amigas como familia. Y cuando la familia se va por decisión
propia… es una perdida dolorosísima.
Supongo que
por eso es tema recurrente. Eso diría
Leda, mi psicóloga.
La Chamana
me diría que vivir con tristeza es la única manera de vivir decentemente. Que hay que desconfiar de la gente que es
perennemente feliz y, que la nostalgia y la pesadumbre también son bueno
compañeros de camino.
Precisamente
ahora que la felicidad se asoma a mi cama todas las mañanas, es que me es
imposible no recordar todas las madrugadas solitarias en que solo soñaba lo que
tengo ahora. Lo que… ¿tengo?...o ¿me lo prestaron un ratito?…
Hoy termina
el 2013. Y sería una ingrata si no reconociera
que fue un muy buen año. Uno como hace rato no se asomaba ninguno por acá.
Familia, trabajo, estudios, casa….corazón. Todo tiene un balance bastante por encima de
satisfactorio.
La
felicidad no es buena musa, cuenta el Maestro.
Farewell 2013, you won’t be forgotten.

