Congratulations! We’ve killed another one!
Los humanos somos animalillos contradictorios.
A mí no me cabe la menor duda de que Hobbes estaba en lo correcto cuando afirmaba que la naturaleza salvaje del ser humano es malvada. Nos medio arreglan en sociedad, pero ese instinto ancestral nunca se lava completamente.
Desde las últimas aberraciones mediáticas (y por ende sociales) nace el júbilo por los asesinatos de figuras internacionales. ¿Juicios?, ¿capturas?, ¿tiros de “gracia”?, ¿justicia? No, no, no; a las cosas se les llama por su nombre: asesinatos.
Sadam, Osama, y ahora Muammar, han dado a esta masa de hienas que consume videos y fotos carroñeros un verdadero festín. Entre más sangre, mejor! Entre más inflamación y deformación facial, mejor! Y si falta alguna extremidad…oh! Eso es el éxtasis!
L@s defensores de este circo, l@s que se atreven a llamar a esto “justicia”, alegan que cada uno de estos personajes se ha ganado su suerte. Todos tienen a su haber regímenes totalitarios, grandemente represivos y una invisibilización total de los derechos humanos. Desapariciones, fraudes, torturas y muchos asesinatos, fueron en algún momento pan de cada día cuando estos hombres estuvieron en el poder. Sí, todo eso está documentado y denunciado… y entonces, ¿estamos volviendo al ojo por ojo? ¿con qué autoridad condenar lo que “nosotros” también hacemos?
Griegos, romanos y todos los que en la época moderna creemos en la evolución de las leyes y el derecho no podemos conciliar que cualquier sociedad actual se brinque olímpicamente todos los avances en reglas y normas de convivencia que con tanto esfuerzo y sacrificio se han logrado durante tantos siglos. Esta involución social no es problema exclusivo de las “sociedades atrasadas” que la protagonizan, sino también de tod@s aquell@s que la consumen.
Frente a este tipo de situaciones, saltan problemas evidentes: que aun tengamos en el mundo regímenes totalitarios que necesiten fuerza militar para ser removidos, que las Naciones…como era? Ah si! que las Naciones Unidas sean la cortesana de las economías más pudientes y, lo que al menos personalmente me preocupa más, la naturalidad con la que se acepta la violencia, por más lejana y ajena que nos sea. La Extra y sus infames portadas son solo una muestrita a escala esa raza de gente a la que estoy criticando.
Cuando celebramos un asesinato y nos encontramos “entretenidos” por videítos donde se grabaron los últimos segundos de vida de un hombre que ya no tenía dignidad; deberíamos poner las barbas en remojo y replantearnos: ¿De verdad quiero ser parte de la demanda que hace que estos videos y fotos existan?
Se las dejo picando...